Alquimia de superficies: palacios, casas señoriales y el arte de la transformación
La semana de junio paseamos por los salones dorados del palacio de Kensington en compañía del fabuloso icono de la moda Bruce. Mirásemos donde mirásemos, nos sorprendía el teatro de las superficies, la alquimia de paredes, telas y muebles que brillan, resplandecen y cambian con la luz.
Estos palacios y casas señoriales son tesoros de alquimia de superficies. Desde damascos de seda que brillan como metal fundido hasta marcos dorados que parpadean a la luz de las velas, cada material parece vivo y cambia de color de forma sutil.

Pero más allá de su belleza se esconde una historia más profunda: la de objetos raros y fabulosos traídos de los rincones más recónditos de la Tierra. Seda de Milán y Venecia, porcelana de China, biombos lacados de Japón, especias y tintes transportados por las antiguas rutas comerciales. Estos tesoros transformaban los interiores ingleses en teatros de maravillas, cada pieza susurrando a los mercaderes, los viajes y las tierras lejanas.
Cada revestimiento de pared, cada pata de silla tallada, cada cojín bordado lleva las huellas de artesanos de todos los continentes. La opulencia aquí no es sólo dorado y grandeza, sino el encuentro de mundos: Oriente y Occidente, artesanía y comercio, tradición e innovación.

Caminando junto a Bruce, que conoce mejor que nadie el poder de los tejidos y los acabados, recordamos que la superficie nunca es superficial. Es, de hecho, la piel de la historia: un lienzo cambiante de belleza, invención y artesanía.
Tanto en los palacios de reyes y reinas como en las pasarelas actuales, la alquimia de las superficies sigue asombrando. Deslumbra porque está viva, atrapa la luz, atrapa la imaginación y ¡deja sin aliento!

